AGUADOR
Hace cuánto debiera haber venido.
Y no viene el aguador.
No me arden
los labios,
la boca,
la garganta:
soy una piedra,
pues no puedo ni decir
el nombre de quien amo.
¡El aguador!
¡Ya viene el aguador!
Ya oigo sus campanillas
su voz de rambla,
su pregón de río,
la rezumante música del cántaro.
Y pasa junto a mí
sobre el polvo.
Y se aleja.
miércoles, 17 de junio de 2009
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