
El sol lame la cañada
ya no es hora de la siesta,
a estas horas en el prado,
dos toros miden sus fuerzas.
Aceitunero, el más viejo
arremete hacia su hermano,
abrazados por las astas,
besan unidos el barro
Agotados ya los toros
después de medir sus fuerzas,
marcados ambos con sangre,
humillan al fin las testas.
Finalizado el combate
se oyen cantar los grillos,
y en la era jornaleros
están recogiendo trigo.
Se siente la bravura del combate y el sol abrasador de la era.
ResponderEliminarUn verdadero placer leer unos versos, con tanto sabor español.
¡Ele mi niña!... Esta es mi moza campera.
ResponderEliminarQué fotografía más fiel. Me refiero a tus versos, no a la imagen.
Me han llegado por haber vivido muy de cerca este mundo del toro y el campo, siendo jovencito.
Un beso, querida Elena.
Elena, un momento crucial recogido an tus versos, sin olvidar el paisaje de campesinos en el trigal. Muy bonita poesía y una fotografía muy bien elegida. Un saludo cordial.
ResponderEliminarpor emplear un tono taurino, bravura en tus versos.
ResponderEliminarUn placer leerte y saludarte
Qué precioso!
ResponderEliminarSencillez, belleza y gracia en este poema dedicado a algo tan de raiz de nuestra tierra: la figura del toro
Besos
Bellísimo y delicado el poema, de una expléndida fluidez...mi felicitación...un beso de azpeitia
ResponderEliminarHas dibujado muy bien esa lucha noble de toro contra toro, tan distante a la desigual a la que se empeña el torero.
ResponderEliminarUn beso.